Las pruebas de fertilidad femenina más frecuentes

pruebas de fertilidad femenina más frecuentes

No existe ninguna prueba que nos permita determinar con una precisión del 100% la capacidad de una mujer sana para lograr un embarazo. Sin embargo existen diversos indicadores que nos pueden revelar si existen problemas de fertilidad.

Las causas más frecuentes de esterilidad femenina son los problemas de ovulación, la obstrucción de las Trompas de Falopio, la endometriosis, tener más de 40 años o alguna enfermedad crónica que influya en la fertilidad.

Dentro del protocolo de estudio inicial se estudia el estado de las hormonas y se realiza una ecografía para ver el estado del aparato reproductor. Se realiza también la serología de los anticuerpos en sangre para descartar enfermedades infecciosas de transmisión sexual que pueden causar esterilidad o problemas durante el embarazo como VHB, VHC, VIH y Sífilis. El resto se realizan de forma complementaria en caso de tener algún indicio.

Las pruebas de fertilidad femenina más frecuentes son:

  • Estudio hormonal basal: consiste en una analítica de sangre para determinar la función ovárica y hormonal de la mujer. Suele realizarse al inicio del ciclo menstrual, preferiblemente durante el tercer día del ciclo y se centra en analizar las hormonas FSH, estradiol, prolactina y TSH.
  • Ecografía transvaginal:se trata de un examen de ultrasonidos realizado para obtener información sobre la morfología del útero y los ovarios.
  • Hipersalpingografíaes una prueba radiológica en la que se inyecta un líquido en el cuello del útero, permitiendo valorar la cavidad interna del mismo y la permeabilidad de las trompas de Falopio.
  • Histeroscopia: este examen endoscópico consiste en introducir un tubo óptico a través del cuello uterino con el objetivo de visualizar la cavidad uterina y diagnosticar así posibles alteraciones del útero, pudiendo explicar, por ejemplo, fallos en la implantación de los embriones o abortos espontáneos.
  • Biopsia del endometrio: consiste en la aspiración de la mucosa endometrial mediante una cánula introducida en el útero a través del canal cervical. Estudia la existencia de anomalías en el desarrollo endometrial.

A priori no es necesario realizarse todas estas pruebas. Empezaremos con un estudio hormonal basal y una ecografía transvaginal, para comprovar el estado de tu reserva ovárica.

La reserva ovárica

Con el paso de los años, las mujeres disponemos de menos óvulos y éstos son de menor calidad, con lo que las probabilidades de embarazo disminuyen considerablemente.

El óvulo puede experimentar daños en su material genético que se transmitirán al embrión resultante de su fecundación. Pero además, a medida que envejece el ovocito se va debilitando y pierde capacidad o fuerza para sobrevivir durante las primeras fases del desarrollo embrionario. Todo ello condiciona una menor probabilidad de lograr un embarazo y también un mayor riesgo de padecer un aborto.

Existen diversos  marcadores de reserva ovárica que nos ayuden a determinar la fertilidad de la mujer. Los que tienen más capacidad predictiva son la determinación en sangre de la hormona folículoestimulante (FSH), de la hormona antimulleriana (AMH) y el recuento ecográfico de folículos antrales. Todos ellos reflejan directa o indirectamente el número de ovocitos que quedan en los ovarios pero ninguno es buen predictor de la calidad de los mismos, que depende como hemos visto de la edad.

La hormona folículoestimulante (FSH) se segrega por la hipófisis, que es un glándula que está en la cabeza, y se encarga de regular el crecimiento de los folículos, que son las estructuras que contienen los ovocitos. Cuando el número de folículos está disminuido la hipófisis tiene que mandar más cantidad de hormona de lo normal para asegurar el funcionamiento del ovario y los niveles en sangre de la FSH aumentan.

La hormona antimulleriana la producen los propios folículos y por lo tanto su nivel en sangre es un reflejo directo de la cantidad de ovocitos: a más cantidad de ovocitos más nivel de hormona y a la inversa. Además de la analítica hormonal, mediante una ecografia transvaginal, identificamos y contamos los folículos que crecen cada mes en los ovarios.

En mujeres a las que les descubrimos una baja reserva ovárica, Realizaremos un estudio más completo y orientado a identificar la causa de la baja respuesta ovárica, y establecemos un tratamiento individualizado y orientado a conseguir el mejor resultado

El límite de los 38 años

La fertilidad de la mujer es máxima en la década de los 20 y empieza a disminuir a partir de los 35 años. Esta disminución se hace más acusada a partir de los 37 años y se acelera notablemente a partir de los 40 años. A medida que disminuye la capacidad para lograr un embarazo aumenta el riesgo de aborto. A partir de los 45 años las probabilidades de lograr un embarazo, tanto de manera espontánea como mediante tratamientos de reproducción asistida es prácticamente nula.

En función de los resultados, nuestros especialistas te recomendarán un tratamiento de reproducción asistida u otro. No hay que perder nunca la esperanza, la medicina reproductiva avanza tanto que actualmente el abanico de posibilidades para ser madre es amplio y efectivo.

 

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