Las vivencias del donante quedan escritas en el espermatozoo

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Investigaciones en un hospital danés revela que el ADN de los espermatozoos se recodifica. No necesariamente se transmiten los mismos genes que los progenitores. Las vivencias del hombre lo pueden modificar.

Cuando hace 3 años una persona obesa fue al hospital de Hvidovre para someterse a una reducción de estómago, dio muestra de semen a los científicos antes de llevar a cabo la operación. Lo hizo varias veces y nadie pudo imaginar que los resultados que iba a conseguir marcarían un antes y un después de las hipótesis que hasta ese momento se habían ofrecido en torno a la alteración de los espermatozoides a lo largo de la vida.

La idea de los científicos daneses entra en conflicto con el pensamiento típico sobre la herencia, según el cual los progenitores transmiten genes que influyen mucho en la obesidad, el cáncer o el estrés. Pero el hecho de que los padres de alguien fueran obesos o tuvieran ansiedad no recodifica los genes. En todo caso, en los últimos años, algunos experimentos en animales han cuestionado la concepción convencional de la herencia, sugiriendo que hay otros mecanismos que influyen en el proceso.

A modo de ejemplo, el Dr. Roman Barres sometió a varias ratas machos a una dieta con un contenido muy elevado de grasas y luego las emparejó con las hembras. Las ratas machos habían llevado una dieta normal y los descendientes de las ratas se habían alimentado de una dieta alta en grasa, por lo que tendían a ganar más peso y acumular más grasa.

Alimentarse de comida con muchos lípidos es sólo una de una gran variedad de experiencias que puede vivir un padre y que puede hacer que sus descendientes hereden. En cambio, las ratas machos expuestas a situaciones estresantes han dado lugar a crías con una respuesta al estrés más baja.

Para hallar el vínculo entre vivencias del padre y la biología de su prole, los científicos han estudiado el semen con mucho cuidado. Los espermatozoides aportan su ADN en un ovario, pero los genes que transmiten estarían regulados por muchas moléculas, entre ellas, los llamados factores epigenéticos. Estas moléculas responden a influencias del entorno, silenciando algunos genes y haciendo que otros se activen según las necesidades.

Hay estudios que hacen referencia a los cambios en los factores epigenéticos que pueden transmitirse a los descendientes mediante los espermatozoides.Estos comportamientos son más complicados de comprobar en humanos. En el año 2013, Adelheid Soubry, epidemióloga molecular, y sus colegas, analizaron a 79 neonatos y vieron diferencias como el tipo epigenético entre los bebés que poseían un padre obeso y los que no lo tenían. Ella y sus colegas intentaron estudiar un posible vínculo entre estos cambios y la obesidad de los hombres.

A continuación, los científicos buscaron seis hombres obesos que se hubieran sometido a operaciones de cirugía bariátrica para observar como el hecho de perder peso modificaba estas pautas de metilación.

Entre los genes alterados epigenéticamente están los que afectan comportamientos tales como el control del apetito. Sin embargo, Barres afirma que el nuevo estudio no demuestra si los cambios tienen algún efecto sobre los hijos. Actualmente, Barres ha ampliado el estudio para comparar las pautas epigenéticas de los espermatozoides de padres obesos con las pautas que presentan las células de la sangre de sus hijos. “Trataremos de dilucidar si hay algo que se transmita a los hijos”, explica el investigador.

Otros científicos manifiestan opiniones contrapuestas sobre el estudio. Por un lado, consideran que, en efecto, los investigadores usaron métodos sofisticados para estudiar las diferencias epigenéticas que presentaban los espermatozoides, pero se muestran reacios a sacar conclusiones generales. El Dr. John M. Greally, experto en epigenética del Albert Einstein College of médica de Nueva York, asegura que es posible que las diferencias genéticas entre los hombres fueran las principales culpables de las diferencias observadas en sus espermatozoides. Por otra parte, teme que el número de hombres que participaron en el estudio sea demasiado reducido. Las diferencias detectadas en una muestra tan pequeña pueden ser aleatorias. Opina que todavía hay que trabajar mucho para detallar los efectos epigenéticos que se transmiten de padres a hijos. Greally cree que hay que hacer un estudio de cientos de personas. “Es factible. Sólo hay que tener la osadía de hacerlo“, concluye.

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