El estrés de no volverte a quedar embarazada: la infertilidad secundaria

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La infertilidad secundaria se produce cuando una pareja ha tenido al menos un hijo y está buscando un nuevo embarazo tras un año de intentarlo. Es más común de lo que nos pensamos. Sin embargo, las parejas que sufren infertilidad secundaria suelen ser más propensas a posponer la búsqueda de ayuda. También es habitual que amigos, familiares e incluso médicos resten importancia a los problemas de fertilidad.

Desafortunadamente,  las parejas con infertilidad secundaria son más invisibles a ojos de tercero y tienden a recibir menos apoyo social en relación a las parejas que tienen infertilidad primaria. La experiencia emocional de la infertilidad secundaria es similar a la infertilidad primaria: angustia, ira, depresión, aislamiento, celos, sentimiento de culpa y estar fuera de control.

Es habitual recibir “comentarios o críticas” por no sentirse afortunado con tener ya un hijo. Una persona puede ser extraordinariamente agradecida por tener ya al menos un hijo, pero eso no significa que no pueda sentir dolor por no poder tener más cuando lo desean. Es habitual sentirse culpable por experimentar una aflicción normal y la preocupación sobre cómo tu estado emocional actual afectará al hijo o hijos que ya tienes.

Estoy celosa de las amigas que tienen más de un hijo. Me siento culpable de pensar que mi hijo no es suficiente. ¿Qué me pasa?

Estas son algunas reacciones comunes a la infertilidad secundaria:

  • Negación. Puedes pensar: “Ya he estado embarazada antes, así que no es posible que tenga un problema de fertilidad“. Esta forma de pensar explica por qué es tan bajo el número de parejas con problemas de infertilidad secundaria que buscan tratamiento médico y se acaban conformando.
  • Envidia. Podrías sentir que no tienes nada en común con tus amistades que tienen familias con más hijos y sentirte celosa de “su éxito”.
  • Aislamiento. Quizá sientas que no encajas fácilmente en un grupo, que eres “diferente”. Tener un hijo significa que no puedes buscar ayuda de parejas infértiles, pero tampoco te puedes relacionar con parejas que tienen más de un hijo. Los problemas de fertilidad causan una gran carga de estrés en la relación de pareja, así que podrías sentirte incluso distanciada de tu pareja.
  • Tristeza. Puede que veas el crecimiento natural de tu hijo, como empezar primaria, aprender a ir en bicicleta, vestirse solo, etc.  con una mezcla de alegría y tristeza, sabiendo que podrías no volver a experimentar esas etapas con otro hijo de nuevo.
  • Culpa. Por un lado podrías sentirte culpable por no ser capaz de darle un hermano a tu hijo, por otro, culpable de no sentirte satisfecha con el hijo que ya tienes solamente.
  • Enfado. Podrías sentirte enfadada, al sentir que te han negado algo que para todos los demás parece fácil, tener otro hijo.
  • Ansiedad. Las parejas que tienen ya un hijo les puede parecer innecesario someterse a un estudio de fertilidad y todo lo que implica: visitas a la clínica, medicación y el coste del tratamiento en sí. analíticas de sangre por las mañanas, ultrasonidos, inyecciones diarias y constantes citas médicas. A eso añade que la mayoría de las clínicas de fertilidad no permiten niños en las salas de espera, así que tendrías que organizar quién cuide a tu niño o pagar por ello.Ten en cuenta también los costos de los tratamientos de fertilidad y el estrés económico que causan. Cuestiónate si, por ejemplo, podrías pagar lo tratamientos de fertilidad y aun así ahorrar para los estudios de tu hijo.

Todas estas emociones son perfectamente normales y transitorias. Si ves que alteran demasiado tu vida o necesitas aprender a manejarlas, el apoyo profesional de nuestro departamento de psicología y wellness  puede ayudarte a gestionarlas.

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