FIV: ¿cuantos embriones transferir?

Durante años, fue una practica habitual transferir 3 embriones para multiplicar las opciones de embarazo, el máximo que permite la Ley de Reproducción Asistida en España. En otros países como Estados Unidos, se pueden transferir hasta cinco embriones, una opción desorbitada según los doctores de CRA Clínica Sagrada Familia. En 2000, un 4% de los nacimientos tras una FIV eran de tres bebés, mientras que en 2006 el porcentaje bajó hasta el 1,7%, según los archivos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), sin embargó en el 2014 volvió a subir hasta el 2,29%.

Antaño transferir más embriones se traduciría en más opciones de implantación y por lo tanto se podrían obtener embarazos de dos, tres, cuatro bebés… Esto ocurría cuando se empezaron a introducir los tratamientos de reproducción asistida, un ejemplo es el famoso caso de los septillizos de Huelva. Sin embargo un embarazo múltiple, multiplica también el riesgo de sufrir complicaciones durante el embarazo. Las complicaciones asociadas a un embarazo múltiple son preeclampsia, diabetis gestacional, bebés prematuros, complicaciones en el parto o problemas en el desarrollo de los fetos.

El objetivo de los profesionales que nos dedicamos a la reproducción asistida es conseguir el nacimiento de un bebé sano. Por ello, y ante el avance de las técnicas, cada vez más nos decantamos por implantar el mínimo numero  de embriones, pero de máxima calidad. En mujeres jóvenes, que gozan de buena salud, podemos implantar 2 embriones sanos. Sin embargo, en las mujeres mayores de 36 años, indicamos la implantación de un único embrión. Aún así, la última decisión la tiene la mujer que gestará.

Gracias a la selección embrionaria podemos elegir el mejor de todos los embriones conseguidos. El embrión se transfiere en el día dos o día tres, cuando está en cuatro y ocho células. En CRA Clínica Sagrada Familia escogemos los mejores embriones en función de su número de células, el número de tamaño de estas y el grado de fragmentación. Con toda esta información se establece una puntuación de 0 a 10.En el día dos el embrión es “Best” Embryo cuando tiene cuatro células. En el día 3 lo es cuando tiene ocho células.

La característica primordial que se le exige a los embriones concebidos en el laboratorio. Pero los requisitos se pueden complicar bastante más. La legislación española permite elegir, entre estos embriones sanos, aquellos que no hayan heredado las alteraciones genéticas de sus padres para cortar con la transmisión de la enfermedad que padecen.

La Ley de Reproducción Humana Asistida de 2006 ampara esta forma de selección genética (que no manipulación) si se trata de una enfermedad hereditaria grave, precoz y sin tratamiento. En estos requisitos encajan, por ejemplo, la fibrosis quística, la hemofilia, el síndrome de X frágil o la enfermedad de Huntington.

Para conseguirlo, se recurre al llamado diagnóstico genético preimplantacional, que consiste en obtener una célula del embrión cuando tiene tres días para analizarla y buscar la alteración genética. Así, solo se implantarán en la madre los embriones que no hayan heredado la anomalía.

En estos casos, el descarte es doble: se eligen los embriones fuertes y sin alteración genética. Pero la ley también permite una vuelta de tuerca más cuando el objetivo es que los progenitores tengan un bebé que pueda salvar la vida de un hermano. Entonces se daría una triple selección.

A los dos requisitos anteriores (fortaleza, sin enfermedad genética) se suma otra condición: los embriones deben de compartir unos factores de histocompatibilidad con su hermano. De esta forma, la sangre del cordón umbilical del recién nacido podrá servirle en un futuro trasplante de médula para curar la enfermedad intratable que padece.

A la Iglesia católica, los procedimientos de selección genética de embriones le parecen técnicas eugenésicas ya que eliminan a los enfermos y dejan vivir a los sanos. Pero tampoco acepta una simple fecundación in vitro. Infringen la barrera que tutela la dignidad humana, en palabras de Benedicto XVI.

 

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